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El avance de la ultraderecha

Ingenuamente había creído que en España estábamos vacunados frente al fascismo y la ultraderecha. Había creído que (des)gracias a que todavía está reciente la etapa franquista, nuestra memoria actuaba como muro de contención. ¡Qué equivocada estaba! Como un bucle en el tiempo nos encontramos un siglo después con el resurgimiento de discursos que muchos creíamos superados en Europa y doblemente en España.

The Wall- El avance de la ultraderecha

Fotograma de la película The Wall

Resulta complicado entender no tanto como surge un partido o grupo político de esta calaña, sino como han podido arañar cuatrocientos mil votos sobre un censo de ocho millones. La primera premisa no es extraña, ya que desde que surgieron los fascismos a principios del siglo anterior, estos grupos se han mantenido a pequeña escala, en estado casi latente esperando el caldo social oportuno. Nuestro sentido común puede admitir que existan tres o cuatro “locos” que sostengan estas ideas que demostraron ser tan perjudiciales para la humanidad, pero que estos “locos” tengan un número notable de personas que los secunde es más difícil de aceptar. ¿por qué un ciudadano medio decide votarlos?

Inestabilidad

Como he señalado al abordar otros temas, son muchos los factores que influyen en el comportamiento y las decisiones humanas, y diversos los puntos de vista desde los que analizar las consecuencias de esos comportamientos y decisiones. Estaremos de acuerdo en que vivimos momentos de gran inestabilidad social, puede que parecidos a los que se vivieron en las primeras décadas del siglo anterior. Todo está en cuestión: la Economía, las Instituciones, el Estado nacional, la Iglesia, la Justicia, la Medicina y la Ciencia, la Prensa, los Valores sociales… y ¡cómo no!, nuestras propias creencias sobre la realidad. El mundo debería pararse para poder estudiar con calma qué es lo que está sucediendo, pero ocurre lo contrario: gira cada vez a más velocidad. El cambio es tan rápido que apenas podemos aprehenderlo: cuesta adaptarse a la tecnología y a los nuevos modos de relación que impone; cuesta entender la fuerza con la que han resurgido determinados grupos reivindicativos (feministas, animalistas, ambientalistas, colectivos LGTB, etc.), con la que han aparecido las medicinas alternativas, los cultivos ecológicos, la quinoa, el bulgur y las algas marinas; con la que están surgiendo nuevas espiritualidades y recuperándose otras antiguas. La cantidad de estímulos e información que recibimos, se produce en detrimento de la calidad y profundidad de la misma. Las noticias (verdaderas y falsas) que recibimos no nos ayudan a entender mejor lo que sucede, sino que nos producen más confusión interna, abonando el campo para la aparición de paranoias y conspiranoias1 de todo tipo.

Ese vértigo que experimentamos, especialmente las personas de cierta edad, se traduce en ocasiones en temor: el cuerpo social se convulsiona y no hay guías que den orientación; el miedo se apodera de algunos sectores dispuestos a agarrarse a un clavo ardiendo, a buscar irracionalmente culpables. Paralizados por el pánico se aferran a un mundo antiguo intentando que el tiempo y el proceso humano se paralicen igualmente o incluso retrocedan. En situaciones de confusión y caos si una voz clara y fuerte grita: “¡Por ahí!”, es seguro que muchos la seguirán sin hacerse preguntas. Esa es para mí la gran baza de la ultraderecha.

Políticamente incorrectos

Superando los eufemismos, disfraces y disimulos que he criticado en otros post (ver Prisión Permanente Revisable), estos señores, a diferencia de los políticos tradicionales, “no se cortan un pelo”. Dicen lo que les parece sin fingimientos, sin esforzarse en ser ni parecer políticamente correctos o medianamente modernos. Abogan sin rubor por un modelo anterior al de la transición, proponiendo el centralismo político como modelo de estado, y el catolicismo fundamentalista, la exclusividad de la lengua castellana y la exaltación de los símbolos histórico-españolistas como modelo cultural. Esa expresión sin tapujos, sin querer abarcar todo el espectro de votantes, es una gran parte de su éxito.

Por otro lado, están rescatando a sectores que están sufriendo porque no pueden entender el nuevo mundo y las nuevas corrientes sociales. Como ejemplos puedo señalar el de algunos señores (y señoras también) que sienten que el feminismo se está saliendo de madre, o que les encanta la tauromaquia y la caza, y no pueden comprender la radicalidad de los animalistas. Esta es otra de sus buenas bazas: recoger a los damnificados de las nuevas corrientes ideológicas que desean fervientemente que alguien vuelva a “poner las cosas en su sitio”. Tanto es así, que otros grupos de derechas tradicionalmente más moderados les empiezan a copiar el discurso.

Y lo tradicional

Para finalizar este cóctel, unas gotas de las tradicionales propuestas de la derecha: menos Estado y liberalismo económico a tope, también suman algunos votillos de los desengañados de otras propuestas similares.

En realidad muchas de las cosas que proponen son también practicadas por otros partidos y grupos sociales. Piénsese por ejemplo en las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, en las devoluciones en caliente, en las sentencias de algunos jueces, en las promociones de algunas cadenas de televisión, en la privatización de empresas y servicios, etc. Pero parece que al no coincidir con su discurso público, no pasarán de ciertos límites en la práctica. En el fondo una engañifa asumida por todos que nos consuela de lo que sucede en la realidad.

Lo más triste para mí es que preveo que VOX va a subir en votos como la espuma. Seguramente no demasiado en la llamadas CCAA históricas -qué algo también- pero sí en el resto del país. Y aunque “solo” consigan la misma proporción de votos que en Andalucía, será suficiente para tener la llave de la gobernabilidad. ¡Ojalá me equivoque!

Algunas de las cuales parecen interesantes y verosímiles, y otras peregrinas.

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