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Maltratadores, ¿quiénes son esos tíos? (I)

Cuadro Magritte-maltratadores

El hijo del hombre. René Magritte

En muchas ocasiones, cuando me llega la noticia de que se ha producido otro homicidio de una mujer a manos de su pareja, me pregunto quién es ese tío, cómo ha llegado a ese extremo, cómo ha sido capaz de cometer semejante atrocidad, ¿no había nada que le importara?

Quizá estos interrogantes no vendan mucho en los tiempos que corren, no oigo por ahí a nadie que los plantee, pero yo me hago estas preguntas, sí.

La cuestión es que  los mecanismos sociales, políticos y judiciales que se están habilitando para resolver este gravísimo problema no están funcionando. Por aportar algunos datos del Ministerio de Sanidad, Seguridad Social e Igualdad[1]:

Año Muertes Llamadas  emergencia  

Denuncias

 

2017 45 (de momento) 66.268 83.198
2016 44 85.318 143.535
2015 60 81.992 129.193
2014 55 68.651 126.742
2013 54 58.274 124.893
2012 52 55.810 128.477
2011 62 70.679 134.002
2010 73 67.696 134.105

A estos datos hay que añadir la muerte de menores a manos de su progenitor, en el mismo acto del homicidio de la madre.

Parece que la tendencia en muertes va ligeramente a la baja, pero a falta de más datos sobre intentos de homicidio y lesiones para poder sacar conclusiones más claras, no parece que el modo en que se está enfocando la resolución de la violencia machista esté sirviendo para mucho, especialmente para prevenir el feminicio. Sí, luego salimos a la calle, se hace publicidad en los medios de comunicación, gritamos… pero cada muerte lleva aparejado el fracaso de no haber sido capaces de evitarla.

Cierto es que en el caso de nuestro país ha habido un gran avance en lo que a sensibilización se refiere. Hace muy poco tiempo, ayer, el problema se negaba o era objeto de mofa, y por supuesto se culpabilizaba a la propia mujer. Gracias a los medios de comunicación y a múltiples campañas institucionales y de organizaciones feministas, hoy nadie se ríe ya de esta terrible lacra social, y nadie niega el problema.

Igualmente, desde la política y la justicia, se están poniendo en marcha mecanismos de ayuda a las mujeres víctimas de esta violencia, pero los medios son claramente insuficientes, las más de las veces parches temporales y en muchas ocasiones más para aparentar que se hace que para hacer; especialmente desde que el austericidio llegó a nuestras vidas. Pero debemos reconocer que hay un mínimo intento de resolución del problema, que hace dos o tres décadas no existía.

También se ha intentado resolver este asunto a golpe de código penal, pero como sucede con tantas materias, no está funcionando, y es fácil adivinar el porqué: respondiendo a mi pregunta inicial ese tío es alguien al que no le importa una mierda entrar en la cárcel o suicidarse después –como hemos visto en tantas ocasiones-,  por lo tanto, año más o año menos en prisión no parece que le vaya a servir de freno. El aumento del castigo y la especialidad del tipo penal, quizá sirvan para expresar una mayor repulsa social ante este tipo de delitos pero poco más.

Violencia institucionalizada

A mi entender vivimos en un sistema sumamente violento, y no me refiero únicamente a la guerra y a la violencia física, me refiero a la religiosa, a la racial, a la sexual, a la económica. Ejercemos violencia cuando apartamos y discriminamos a otres por sus ideas, por su color de piel, por su sexo o por su religión[2]. Ejercemos violencia cuando explotamos económicamente a otres, cuando en situación de necesidad les[3] abandonamos a su suerte, cuando en vez de puertas abiertas levantamos muros (no os olvido, refugiades). En este contexto de violencia social  generalizada, ¿qué ámbito de la vida humana se librará de ella?

Pero volviendo al doméstico, me pregunto si todos los casos de maltrato tienen la misma raíz o hay supuestos diferenciados. Se podrá replicar que para el resultado da igual, pero si de verdad queremos solucionar este lío tendremos que hacer un esfuerzo por analizar y entender el problema en profundidad. ¿Es el maltratador un individuo aislado, descontextualizado de su entorno? ¿Actuaría así bajo cualquier circunstancia?

En estos momentos la familia como institución está sufriendo fuertes embates de tipo cultural, generacional y económico, que están afectando profundamente a sus fundamentos. Algunos de ellos sumamente progresivos (nuevos roles, nuevos modelos de familia), y otros tremendamente regresivos (individualismo, violencia, sálvese quien pueda). Es en este ámbito donde más se está sintiendo la violencia económica, dice nuestro refranero que Cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana. Personalmente no coincido con este pensamiento, pero sí creo que cuando la pobreza entra por la puerta el amor se pone a prueba.

¿Qué quiero decir con todo esto? Quiero decir que son múltiples los factores que están influyendo en la violencia de género y doméstica en general, por ordenarlos de algún modo los separaría en los siguientes bloques: histórico-culturales, socio-económicos y psicológicos. En cuanto al primer bloque, no me voy a extender mucho, ya que poco hay que discutir acerca del papel que ha tenido la mujer en la historia dentro de un sistema patriarcal, son muchos siglos pesando sobre nuestras cabezas. Me centraré más bien en los otros dos factores.

Cuadro Escher-maltratadores

Bond of Union. M.C. Escher

Factores socio-económicos

En cuanto al primer factor de influencia, creo que las cuestiones económicas como he señalado antes, están afectando fuertemente el psiquismo de las personas. El futuro es el tiempo que prima en la mente de los seres humanos, un futuro cerrado por falta de posibilidades “reales” de diseñar un proyecto de vida y la desesperanza profunda que está anidando en grandes conjuntos humanos, está produciendo alteraciones en las conciencias que se manifiestan primero en los sistemas nerviosos más débiles. Es posible que algunos de los supuestos englobados dentro de la violencia machista sean “simplemente” violencia pagada con la persona que se tiene más cerca. Hace años alguien me dijo que el divorcio es para ricos, que los pobres no pueden divorciarse. Y algo de eso hay en un mundo en el que manda el Dios dinero, y sin el que no se puede plantear hacer o deshacer situaciones, con la carga de disgusto y violencia que implica convivir todos los días con alguien que no se quiere.

Los problemas de la pareja y de la familia, al igual que comenté en el post La culpabilidad del parado, están siendo planteados erróneamente como problemas personales que cada cual debe resolver como pueda, pero cuando este problema personal afecta a cientos de miles, ¿cómo debemos entenderlo? Si alguien que se separa o divorcia debe mantener otra vivienda y además pasar la pensión de les hijes estando en desempleo o cobrando un salario ridículo, ¿cómo lo hará? Y la mujer víctima de maltrato, ¿cómo romperá los lazos con su maltratador si depende económicamente de él? ¿Cómo crecerán eses niñes afectades por una situación familiar tan degradada?

En este apartado podemos incluir también las influencias del entorno familiar y social de los agentes implicados, y los códigos recibidos en su etapa de formación. La educación, la publicidad y los medios de comunicación, con sus mensajes, hacen su gran aportación a la cosificación o a la humanización –dependiendo de su orientación- de los seres humanos en general y de las mujeres en particular. Merece un post en exclusiva el estudio de los modelos de mujer que nos plantea la propaganda del sistema, y el cuestionamiento sobre el avance o retroceso en los mismos, desde el punto de vista de la liberación de condicionamientos en la mujer. En mayor profundidad también debemos revisar hasta qué punto las mujeres nos los creemos y tratamos de amoldarnos a ellos. Como ocurre con la cebolla, es este un tema con muchas capas y distintas profundidades que no pueden ser tratados en un único artículo.

 

Maltratadores, ¿quiénes son esos tíos? (II)

Cuadro-maltratadores

Intentando lo imposible. René Magritte

El factor individual o psicológico

Siendo una persona sin conocimientos de psiquiatría, ni de psicología o pedagogía o sus disciplinas derivadas, no puedo hacer grandes desarrollos teóricos sobre el perfil de los maltratadores, pero sí puedo mencionar algunos casos que he conocido de primera mano y me permito clasificar a mi manera:

El manipulador. Es éste de un tipo que no necesariamente ejerce violencia física, y si llega a utilizarla no suele ser fuerte (un bofetón, algún empujón…) Su modus operandi es el de ir minando a su pareja poco a poco, robándole la autoestima de día en día, haciendo que cada vez se vaya sintiendo más inútil, menos segura de sí misma y de sus posibilidades; hasta hacerla totalmente dependiente de él y de sus criterios. Consigue finalmente que sea la propia mujer la que se machaca y se degrada a sí misma. Socialmente suele ser un tipo simpático y como mínimo correcto, que tiene una habilidad especial para conseguir que su pareja estalle en público dejándola en mal lugar y haciéndola parecer una loca delante de les demás. Suelen ser tipos con un buen nivel de formación y ocupar puestos socialmente relevantes. Se tarda mucho tiempo en detectarlos, pueden pasar muchos años antes de que su entorno los descubra y suele ser muy difícil atacarlos judicialmente.

El supermacho. Es esta una tipología más ruda y más fácil de diagnosticar: hablamos del típico machito que no se plantea gran cosa. El mundo es del hombre (mayormente blanco) y como tal tiene derecho a todo y a que todas las mujeres del mundo les sirvan y se coloquen delante de ellos en el papel que les corresponde. No ven a las mujeres como iguales, ni las respetan profesional o laboralmente. Son los que siguen pensando que en el fondo todas las mujeres son unas guarras menos su madre, que cuando la mujer dice no quiere decir sí, que cada sexo tiene su papel predeterminado, que su pareja es de su propiedad y ese tipo de lindezas. Estos sí son capaces de arrear buenas palizas cuando se les contraría en sus designios o apetitos, no hablemos de cuando se les quiere abandonar.

Una variedad más sutil del anterior es la del supermacho refinado, ésta la conozco bien. En el fondo es como el anterior pero menos burdo, es decir, aspira igualmente a que todas las mujeres de su entorno le obedezcan pero de un modo más sofisticado: putea y pone zancadillas a todas aquellas que no se someten a él, aquellas que no le piden su opinión o que no la siguen; a todas aquellas que no le ponen cara de admiración y le rinden pleitesía. A cambio cuida a sus protegidas, a las que se han refugiado bajo su ala, como si del macho dominante de un harén se tratara. No ve a las mujeres como iguales aunque lo disimule o no le quede otra que soportar a una jefa en el ámbito laboral.

El adicto. Aquellos que tienen graves adicciones a las drogas y especialmente al alcohol. Esos que cada vez que beben las lían pardas y no se les pone nada ni nadie por delante. Mucha literatura hay ya sobre la relación entre el alcohol y los malos tratos en el hogar, no solo a la mujer sino también a les hijes.  En algunos casos cuando se les pasa la borrachera se arrepienten y piden perdón, no lo volverá a hacer más, hasta la siguiente juerga. Consiguen hacer de su casa un infierno.

Otras tipologías. Tenemos también a aquellos afectados por algún trastorno mental. Si es muy evidente el problema no suelen conseguir pareja, así que son mayormente sus progenitores  y en algunos casos sus hermanes los que suelen sufrir sus arranques de violencia. Supongo que deben existir también los simplemente sádicos, aunque yo personalmente no he conocido a ninguno. En cualquier caso, lo común es que aparezcan mezclados en un mismo sujeto  elementos de cada una de las tipologías descritas: algo de manipulación, más la creencia en la supremacía del macho con unas gotas de alcohol hacen un cóctel perfecto para conseguir un maltratador de primera.

Por último, no debemos olvidar a los desesperados, es decir, aquellos que en situaciones estables no matarían ni a una mosca y que son mentalmente sanos, pero que por circunstancias vitales se encuentran en una situación límite que no han sabido gestionar y que los ha llevado a cometer una locura de la que se arrepentirán eternamente o por la cual se suicidarán.

Algunas propuestas

Mejor que una buena crítica es una buena propuesta, así que haré algunas sugerencias que podrían ir mermando la dimensión de la violencia machista o doméstica.

Renta Básica Universal. El que cada persona, incondicionalmente, pueda contar con un estipendio que le permita cubrir sus necesidades vitales y las de sus vástagos, es el primer punto a desarrollar si de verdad se quiere terminar con la violencia de género –y otras muchas-. Sabemos que sin medios de subsistencia muchas mujeres víctimas no pueden emprender una nueva vida. Sabemos que sin medios muchas parejas no pueden convivir en paz o separarse en condiciones si lo desean.

Acción preventiva de ayuda al maltratador. Se han habilitado servicios y teléfonos de emergencia de ayuda a las víctimas, pero no se ha habilitado ningún servicio ni se ha hecho ninguna campaña de “prevención del maltrato”.  La idea sería lanzar una campaña dirigida a los posibles maltratadores con mensajes del tipo: “Si estás a punto de cometer una locura pide ayuda” “No hagas algo de lo que te vas arrepentir” “No arruines tu vida y la de tu gente” Haciendo hincapié en el pide ayuda. Para eso se deben crear los correspondientes mecanismos de apoyo para ellos, que incluyan: teléfono de emergencias, servicios psicológicos, reeducativos, medios económicos, acompañamiento, etc. Quizá si el tipo en cuestión tiene algún momento de lucidez y pide auxilio, podríamos evitar algunas muertes y algunas palizas.

Programas de rehabilitación de drogodependientes y alcohólicos. Hubo una época en la que en los medios se le daba gran importancia a esta materia, parece que en la actualidad la cuestión no vende y ha quedado mediáticamente abandonada. En cuanto a los medios y programas con que contamos socialmente hoy en día, no puedo decir si son adecuados y eficientes o no, pero sospecho que la tijera de los recortes ha afectado también en este terreno.

Programas de reeducación para maltratadores. Como pretendemos con cualquier tipo de delincuente, también debemos aspirar a que quien ejerce violencia machista o doméstica puede modificar sus conductas. Hace ya mucho tiempo que entre los fines de la pena, además de la retribución se encuentra la reinserción social a través de mecanismos de rehabilitación y reeducación. Debemos confiar en las posibilidades de cambio de las personas, o al menos que no sea por falta de ayuda y mecanismos sociales.

Mejoramiento de las ayudas a las víctimas de violencia de género y a sus hijes. Continuidad y mejora de los mecanismos de ayuda a las víctimas desde un punto de vista integral: contemplando todos los aspectos y posibles apoyos desde los que atajar el problema. Más medios para estos fines, no seamos hipócritas: las buenas intenciones sin medios para desarrollarlas se quedan en nada.

Otras. Seguir incidiendo en la educación y en el contenido de los mensajes de publicidad y propaganda. Fomentar la investigación, la formación y el estudio de la problemática específica de la mujer.

A ver si entre todes  logramos terminar con este cáncer social.

Ni una menos-maltratadores

 

 ¡¡¡VIVAS Y LIBRES, NOS QUEREMOS !!!

 

 

P.D: En el artículo he empleado a veces el término violencia doméstica para incluir a otros agentes que pueden convivir en el núcleo familiar y que padecen, junto con la mujer, situaciones de violencia. También porque a veces la línea divisoria entre pareja y familia es difusa, mezclándose ambos conceptos en el mismo ámbito.

 

[i] Según otras fuentes las cifras de muertes son más elevadas. No he podido encontrar datos de lesionadas aunque supongo que en muchos casos estarán relacionadas con las llamadas de emergencia.

[ii] Enlace Silo La curación del sufrimiento

[iii] Les como neutro y no como leísmo.

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