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La mejor forma de crecimiento es el decrecimiento

Túnel del amor-crecimiento

Túnel del amor, Ucrania.

Si hay una teoría económica en las últimas décadas que me convence es la del decrecimiento económico. Antes de entrar en materia, no obstante, debo señalar que dentro de los defensores de este sistema hay diversidad de matices. Yo misma no coincido con algunas de las propuestas que se postulan, especialmente las que me huelen a retroceso tecnológico y/o científico.

Crecimiento infinito

Siempre que oímos hablar a los políticos de economía, ésta está referida a crecimiento, previsiones de crecimiento, objetivos de crecimiento. Como si esto fuera la panacea del bienestar social. Lo cierto es que mientras las economías occidentales siguen creciendo, la mayoría de sus habitantes se van empobreciendo, ¿a qué tanto celebrar el crecimiento?

Me estoy refiriendo a este bloque del mundo, porque ni que decir tiene que con este modelo, a los países más pobres no les queda espacio para su crecimiento, ya que los más ricos consumen al menos el 80% de los recursos del planeta.

Por lo tanto, este modelo insolidario no es exportable, pues si todos los países de los cinco continentes lo aplicaran, necesitaríamos los recursos de cien planetas como el nuestro.

¿Qué significa decrecer económicamente?

Significa desarrollar una economía basada en recursos y no en finanzas; significa aplicar un poquito de  inteligencia y sensatez, ya que no podemos comernos el dinero. Supone racionalizar el gasto de estos recursos, teniendo en cuenta el bienestar de toda la población.

Pondré algunos ejemplos:

1.- Imagínese que usted tiene una lavadora que funciona perfectamente y que cumple sus expectativas de lavado de ropa, y un buen día decide que está aburride de ella, y la rompe para comprarse una nueva. Al cabo de dos años, se vuelve a cansar de ver esta nueva lavadora, así que  la destroza de nuevo y se compra otra más moderna.

Esto, que lo más probable es que usted nunca hiciera en su casa, es lo que se consigue con la obsolescencia programada que incorporan multitud de aparatos. Cuando se cumple el tiempo programado, o los ciclos estipulados, dejan de funcionar obligando a adquirir un nuevo producto. Y así, siguiendo el ejemplo, una lavadora que podría tener una vida útil de 40 ó 50 años, se convierte en mínimo cinco o seis  lavadoras en los mismos 40 años.

2.- Supongamos que vivo en Albacete y voy al mercado a comprar naranjas. Cuando llego encuentro: Naranjas de Valencia a 2,5 € el kilo; y en el puesto de al lado Naranjas de la China a 1,5 € el kilo; las dos con aspecto excelente. Lógicamente pienso que son mucho más baratas las Naranjas de la China que las de Valencia.

Veamos, probablemente el agricultor de Valencia haya cobrado un precio más justo por su producto que el trabajador del campo chino. Segundo para llevar las naranjas de Valencia a Albacete, se ha utilizado un furgón frigorífico y algo de carburante. Para trasladar las naranjas de la China a Albacete se ha utilizado un buque mercante,  varios vehículos rodados, se ha contaminado el mar, se ha utilizado cincuenta veces más carburante y se ha precarizado la mano de obra.

Luego, en términos de gasto de recursos ¿qué es más eficiente?, ¿qué naranjas son más baratas? Pues esto más o menos es lo que se consigue con la deslocalización de empresas: nuestra alimentación, nuestra ropa y herramientas son monetariamente más baratas, a cambio de un gasto ingente de recursos, contaminación ambiental y explotación de seres humanos.

3.- Pongamos que el alcalde de un pueblo de 1.000 habitantes, al que le encanta la música, decide invertir el presupuesto municipal de toda la legislatura, en construir un superconservatorio, comprar el mejor material del mundo y contratar a los mejores profesores de música del continente. Las previsiones de matriculación son de dos alumnes, pues a cincuenta kilómetros del pueblo existe una ciudad con un estupendo conservatorio.

En el ejemplo nos parece un despropósito, ¿verdad? Sin embargo es lo que hemos visto en los últimos años en la construcción de Megaobras Públicas sin ninguna utilidad: aeropuertos, auditorios, polideportivos, autopistas, etc.

Podría seguir poniendo muchos ejemplos de operaciones financieras y económicas que rayan la estupidez absoluta, pero no es cuestión de alargar tanto el post. Creo que ha quedado suficientemente claro que un poquito de sentido común no nos vendría mal.

Integración del sistema

Entonces, si no se fabrica tanto y no se construye y no se recambia ¿qué pasará con el empleo? Efectivamente no podemos desarrollar este nuevo modelo económico dentro de los parámetros actuales. Si el modo de supervivencia de la mayoría de la población es el trabajo remunerado, es difícil el decrecimiento, pues gran número de personas quedarían sin medios de subsistencia, abocándonos por tanto a seguir como hasta ahora fabricando y construyendo sin fines de utilidad. No obstante, incluso dentro de sus parámetros, un gran número de personas se han quedado ya sin medios de subsistencia.

Urge así, la implantación de una Renta Básica Universal que cubra suficientemente las necesidades del individuo y lo libere del empleo como forma de supervivencia. Urge también un cambio de valores en la sociedad: La economía debe estar al servicio de las personas y no al servicio de unos supuestos señores llamados Mercado, Corporaciones, Banca, Bolsa, y Lobbies varios.

La propiedad privada, el gran atraso

Si nos preguntamos para qué necesitamos una vivienda, un automóvil, un frigorífico, etc. Cualquier mente sensata responderá que necesitamos un techo bajo el que cobijarnos, medios de transporte, así como herramientas y aparatos para distintos fines. Podemos estar de acuerdo en que necesitamos el “uso” de los objetos pero no la propiedad.

¿Es que hay algún problema con la propiedad? No en sí misma, y de hecho no la hay en cuanto a los objetos que son para un uso íntimo o permanente. Pero podemos pensar que hay muchos espacios, aparatos y herramientas, cuyo uso podría ser compartido. Es decir, qué pasa si  por ejemplo, les particulares dejamos de comprar coches y utilizamos junto con el transporte público, un parque de automóviles comunitario disponible para cualquiera que lo necesite por un módico precio (ya existen en algunas ciudades).

Igualmente la mayoría de las viviendas podían ser de titularidad pública o de algún modo comunitaria, y ser utilizadas mediante alquiler barato, vitalicio o temporal. De manera que no se construyeran viviendas que van a quedar vacías durante largos periodos de tiempo. De manera que no se levantaran edificios mal construidos, endebles y mal aislados que obliguen a un mayor gasto energético y de mantenimiento.

¿Qué conseguiríamos con este modelo? Fundamentalmente  y siguiendo con el ejemplo, reducir el número de vehículos y de viviendas, hacerlos más eficientes y seguros, y cubrir las necesidades de toda la población  en las mejores condiciones. Esto supone un importantísimo ahorro de recursos y ganancia en bienestar social, que son prioritarios en términos de especie.

Por otro lado, ¡qué liberación para los particulares no tener que ocuparse de itvs, impuestos, seguros y revisiones;  de reparaciones, de peleas con les vecines, derramas, etc.!

El cuestionamiento del valor “propiedad privada” tiene otras muchas ramificaciones sobre las que profundizar, entre otras el porqué unas pocas personas acumulan la misma cantidad de recursos que países enteros. Cuál es su justificación moral, su origen, etc., pero lo dejaremos para un texto futuro.

La insolidaridad con terceros países

Basurero África-decrecimiento

Foto: Basurero en Ghana, de Nyaba Leo Ouedraogo.

Creo que pocas mentes informadas discutirán acerca de que el modelo capitalista de crecimiento infinito es tremendamente insolidario y explotador de países pobres –mal llamados pobres, ya que algunos de ellos tienen infinidad de recursos que son escamoteados a sus habitantes-.

Por poner algunos ejemplos: los contaminantes basureros creados en algunos países africanos con nuestros deshechos informáticos y electrodomésticos; la limpieza de barcos  y residuos nucleares en las costas de África oriental; la tala indiscriminada de bosques en Asia, África y América; la explotación de minas de diamantes, coltán y otros minerales por multinacionales europeas y norteamericanas; la creación de conflictos y guerras, etc., etc.

Resumiendo: los esquilmamos y después les enviamos armas y nuestra mierda. Claro que para lavar conciencias también mandamos una cohorte de ONG’s[1], que supuestamente  ayudan al desarrollo de la población o ejercen la caridad con les más necesitades, ¡tremenda hipocresía!

Para abundar más en estos temas dejo el enlace de varios artículos de prensa y blogs, que los desarrollan:

Piratería en Somalia

África, el continuo expolio de un continente muy rico

Tala ilegal y madera de conflicto

¿Volveremos a la época de las cavernas?

El gran temor de algunes cuando se habla de decrecimiento económico es el de perder o retroceder en los avances tecnológicos de los que disfrutamos  en la actualidad –al menos algunes-; o que se frene la investigación científica, el desarrollo de la medicina, etc. Imaginándose pues, que deberemos llevar la vida de un Amish o un Cuáquero cualquiera.

Puede ser que en algunas de las corrientes que se sitúan bajo el paraguas de decrecimiento económico haya alguna que promulgue la idea de retroceder y deshacerse de parte de la tecnología en algunos campos o en todos, pero no es el modelo que defiendo en este artículo. Soy una convencida de que “simplemente” con el uso inteligente de los recursos –como he descrito anteriormente-, podremos seguir disfrutando de los mismos avances y aun mejores.

Si se organizara la economía para cubrir las necesidades de todos los seres humanos, respetando el medio ambiente y la vida en general, y no para que unes poques se hagan riques; podríamos reducir el trabajo humano y el gasto de materias primas, tierras de cultivo, tala de bosques y contaminación a la mitad.

Si la dirección del desarrollo tecnológico y la investigación científica y social fuera la de favorecer al conjunto de la humanidad, seguro que se encontrarían formas cada vez más respetuosas y eficientes de producir energía, de fabricar objetos, de curar a las personas, de organizar la sociedad, etc. De hecho existen ya muchas formas de ahorro y racionalidad que se encuentran ocultas o bajo patentes paralizadas, con el único motivo de mover el mercado y provocar un gasto inútil que sólo favorece a los propietarios de determinadas corporaciones y oligopolios.

Véase el estupendo documental emitido por la 2 de TVE “Comprar, tirar, comprar”

Gracias a la crisis

Gracias a la profunda crisis que vive el sistema desde hace una década, se están implementando algunas actividades y conceptos nuevos, y otros antiguos que han sido recuperados:

  • Venta de productos de segunda mano
  • Servicios de reparación
  • Reciclado de objetos y materiales
  • Espacios de coworking
  • Espacios de cohabitación
  • Vehículos compartidos
  • Mayor uso de bicicletas, patinetes, etc.
  • Vegetarianismo y veganismo[2]

Coworking-decrecimiento

Bien es verdad, que estas actitudes han venido provocadas inicialmente por la necesidad, pero no es menos cierto que la concienciación sobre la necesidad de racionalizar el gasto, de cuidar del medio ambiente y de la vida en general, se va abriendo paso entre la población occidental.

Tratemos pues de seguir con esta tendencia aunque mejoren nuestras posibilidades económicas, dejemos de producir cosas que no necesitamos, dejemos de “poseer”[3] cosas que apenas vamos a utilizar, compartamos espacios y herramientas, reutilicemos, cooperemos entre nosotres, consumamos más bienes culturales, educativos, espirituales. Seguro que tanto la especie humana, como la vida y el planeta, saldremos ganando.

[1] Entiéndase que no estoy en contra de las ONG’s, y mucho menos de los voluntarios que participan en ellas, pero sería más interesante que dejáramos de robarles y crearles conflictos, así no necesitarían nuestra ayuda.

[2] No es por atacar el consumo de carne o pescado, pero no podemos seguir con este modelo de ganadería y pesca.

[3] En el sentido vulgar de propiedad, y no en el sentido jurídico del término.

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